La explotación de gas de pizarra o esquistos sigue provocando terremotos

Un reciente artículo publicado por la revista Technology Review, del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), recoge como la industria del gas está siendo golpeada por los sucesivos terremotos que se están produciendo tanto en pozos donde se realiza la fractura hidráulica, como en pozos abandonados donde se inyecta el fluido de retorno de la misma.

Recordemos que en el proceso de fractura hidráulica se inyectan miles de toneladas de agua mezclada con productos químicos en el subsuelo. De este fluido inyectado retorna a la superficie una cantidad muy variable (entre un 15 y un 80%) dependiendo de la geología del subsuelo del lugar. Este fluido no retorna tal como bajó; a los productos químicos utilizados durante la fractura se le añaden metales pesados (plomo, arsénnico, mercuri0,…) y sustancias radiactivas de origen natural (uranio, radón, radio,…) que se encuentran en las capas profundas del subsuelo. Este fluido es conocido como fluido de retorno de la fracctura.

La principal forma de deshacerse de este fluido, debido a que no hay plantas preparadas para ello es volver a inyectarlo en el subsuelo en pozos abandonados, como se está haciendo en Ohio, actividad que ha provocado el último terremoto, de 4 grados en la escala Richter. Recordemos que los terremotos producidos suelen ser de menor intensidad, pero ponen a prueba la correcta cementación del pozo pudiendo provocar roturas y las consiguientes contaminaciones de los acuíferos.

Terremotos como estos en lugares como Cabezón de la Sal, donde se dejaron de explotar las minas de sal hace años debido a los hundimientos que producían en el pueblo, pueden ser muy peligrosos. También posibles terremotos en permisos como “Urrraca”, que comprende el Valle de Tobalina en Burgos, lugar de emplazamiento de la Central nuclear de Santa María de garoña, podrían poner a prueba la seguridad de una central que tiene más de 40 años de existencia.

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